Compañer@s, desde este horizonte revolucionario intentamos transmitir algunas opiniones e información que llegaron. La dirección de correo está abierta a opiniones hori.revo21@gmail.com.
Trabajadores Municipales de Montevideo e IMM
Relación de Clase: Hay una patronala Intendencia Municipal de Montevideo, y hay asalariados en relación de dependencia, los funcionarios municipales. La cuestión central es que el patrón debe salario a los municipales y, evidentemente, no quiere pagar. El patrón quiere cambiar a su favor los términos de la relación salarial.
En el capitalismo, la expresión más cruda de la relación de poder se da en el momento de fijar el salario que "se determina en la lucha antagónica entre el capitalista y el obrero. Triunfa necesariamente el capitalista. El capitalista puede sostenerse más tiempo sin el obrero que éste sin aquél". (Carlos Marx, Manuscritos de 1844)
Marx explica en esos manuscritos que "el capitalista posee este poder, no por sus cualidades personales o humanas, sino en cuanto es propietario del capital". El capital otorga a su dueño el poder de subordinar al que le vende su fuerza de trabajo. Es el poder económico y lo ejercen los que administran el capital privado y el capital público.
Relaciones partidarias: Muchas veces, a lo largo de la historia y también en el presente, mayoritariamente los asalariados pertenecen al partido gobernante. Hay muchos ejemplos.
Un paradigma se daba el sistema asalariado estatal de la URSS, donde el Estado era el comprador monopólico de la fuerza de trabajo y los trabajadores, como todo el pueblo soviético, como la mayor parte de la humanidad, estaban convencidos que ese Estado y el PCUS impulsaban la revolución proletaria en el mundo entero. Sin embargo, la relación entre el que vendía y el que compraba siguió siendo de dependencia y explotación, el salario era una de las armas melladas del capitalismo que continuaba actuando en el "socialismo real" y conduciéndole al camino sin salida del retorno al capitalismo.
Otro paradigma, se da nivel del municipio de Montevideo, donde los asalariados votaron, en su gran mayoría al partido que desde hace 18 años proclama que el gobierno municipal se asiente sobre tres pilares: la descentralización en base del traslado de poder a los vecinos, proceso que quedó en farsa; la participación de los trabajadores en la gestión (otra farsa) y el elenco de gobierno (transformado en "nomenklatura" al mejor estilo burocrático).
Como consecuencia de esos18 años de lucha de clases, los trabajadores municipales votan en las elecciones nacionales al partido que gobierna el Municipio, y para las direcciones sindicales apoyan a los que les ofrecen garantía de clasismo y combatividad. O sea, los municipales han avanzado por el camino de la independencia de clase que recién inician el resto de los trabajadores estatales.
Ruptura revolucionaria: La cuestión de clase quedó bien clara con la actitud de Jorge Larrañaga. Por encima de los partidos está la clase y, cuando los asalariados se insubordinan, el partido único de la clase dominante debe actuar de conjunto. Dejar las boberías mediáticas y unirse contra los trabajadores, es lo que ocurrió cuando la toma de tierras en Bella Unión, con George Bush y ahora con ADEOM.
Desde una mirada arrojada hacia el horizonte revolucionario, queremos centrarnos en los significados más profundos de esta lucha sindical que por algo ya lleva más de diez años. Dejar a un lado el chisperío de los fuegos artificiales y tratar de escarbar en las honduras de las relaciones de clase y su lucha.
En el "mensaje" a ese horizonte se hablaba de la necesidad de romper el control de las ideas y del debate que hace el progresismo. Se está imponiendo un modo de hacer política que se va introduciendo en las "cabezas" de los uruguayos de manera tan profunda como hizo el batllismo un siglo atrás. La lucha de los municipales hace pensar a todo el mundo, particularmente a la militancia (a la frenteamplista y a la que tiene definiciones más revolucionarias). Y, opera en el sentido de la ruptura con el control ideológico mucho más que nuestros discursos radicales. Lo mismo ocurrió cuando la toma en Bella Unión: bastó la ocupación de 32 hectáreas para que se desempolvara la cuestión de la reforma agraria y, por suerte, cunde el ejemplo de ocupar la tierra para trabajar.
Pareciera ser ese el camino de ruptura con el sistema de dominación: apoyar las luchas y movilizaciones sociales y, sobre las olas que desata, ir conformando la alternativa política necesaria para romper con la democracia burguesa y con los partidos que la sostienen.
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Resolución sobre Plataforma de la Tendencia Clasista Combativa del Uruguay en su 2ºCongreso
Por la unificación de los conflictos y las luchas.
Por aumento general de salarios, jubilaciones y pensiones, fijación de los mínimos nacionales en la media canasta familiar. Salarios y pasividades móviles en paralelo a cualquier variable de reducción del poder adquisitivo.
Derogación del IRPF y todos los impuestos a los salarios y jubilaciones y derogación de la ley 13.713 de privatización de la seguridad social, AFAPs.
Sistema Único Nacional de Salud Estatal y Público para todos. Eliminación de las cargas tributarias a los trabajadores y pasivos para el FONASA. Traspaso de las cargas a la renta capitalista y al estado.
IVA cero para todos los productos que habitualmente consume el pueblo trabajador. Mas impuestos al consumo suntuario.
Reducción de tarifas y precios para los servicios esenciales de luz, agua, gas y supergas.
Creación de una canasta de productos básicos con precio congelado y tarifado por el estado.
Cooperativización u otra forma de gestión bajo control obrero para todas las empresas que pretendan cerrar por cualquier motivo o boicotear de cualquier forma estas medidas. Prohibición de despidos excepto por la comisión de delitos penales específicos y acordados de forma bipartita.
Inmediato cumplimiento de la ley de 8 horas para todos los trabajadores rurales.
Cese de todas las privatizaciones y respeto incondicional a los pronunciamientos populares.
Anulación de la ley de impunidad a los genocidas.
Fuera las tropas uruguayas e imperialistas de Haití y el Congo.
No pago de la deuda externa.
No al proyecto forestal-celulósico. Fuera Botnia, Ence. Stora Enso, Portucel, y todos los proyectos en curso.
Ejecución de los 500 grandes deudores y pasaje de sus tierras a Colonización para entregarlas a los pequeños productores y asalariados rurales que quieran trabajarla.
Contra la actual reforma universitaria.
No al ticket moderador en salud pública.
Autonomía y cogobierno para toda la educación pública (ANEP y UDELAR).
Reducción de la jornada sin pérdida salarial y sin aumento de los ritmos de producción.
Subsidio a todos los desocupados. Extensión del seguro de paro a 1 año.
Reducción de la edad jubilatoria.
Contra el proyecto de ley de educación del gobierno.
Contra la criminalización de la protesta.
Contra la ley de procedimiento policial.
Por la despenalización del aborto.
No a la instalación de plantas nucleares.
Contra la ley de emigrantes del parlamento europeo.
Control tecnológico. No al robo de patentes.
Consulta permanente a las base para tomar resoluciones.
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sábado, 12 de julio de 2008
sábado, 28 de junio de 2008
De Nerón a Bush
Por: Armando Hart DávalosCorreo: digital@jrebelde@cip.cu
18 de junio de 2008
La dilatada historia del hombre demuestra que las decisiones políticas no suelen adoptarse, la mayoría de las veces, en función de los intereses estratégicos de un sistema social, sino de las aspiraciones inmediatas de los grupos que dentro de las clases dominantes las logran imponer. Es una meditación útil para que se analicen los retos que hoy tiene la llamada civilización occidental en la etapa que algunos denominan «postmoderna».
Como he afirmado antes, la familia humana está enferma de gravedad y existe el peligro real de que nuestra especie, junto a las demás que habitan el planeta Tierra, desaparezca a causa de la ruptura del equilibro ecológico que hace posible la vida, o de guerras en las que intervengan las mortíferas y poderosas armas que se acumulan en los arsenales de las grandes potencias.
Esta crisis es, según opinión de hombres de gran saber, la más profunda y abarcadora desde la caída del imperio romano, y aunque no pretendemos establecer un paralelismo simétrico entre aquel y el imperio yanqui actual, lo cierto es que se van desplegando de forma cada vez más acusada, al igual que hace mil seiscientos años, los síntomas inequívocos de su decadencia. En aquella época, a los que hoy llaman inmigrantes los llamaban bárbaros.
Estados Unidos lleva en su seno los gérmenes de su fraccionamiento. Conformado por inmigrantes, discrimina a todos los que no son blancos sajones y puede sufrir procesos similares a los que ellos alientan en distintas regiones del mundo. Ya José Martí en 1894 señalaba:
«Es de supina ignorancia y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos (...) como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión o una superchería».
El poder hegemónico del imperialismo norteamericano se basa hoy, sobre todo, en el poderío militar y la superioridad abrumadora de su armamento. Todos sabemos que a lo largo de la historia la fuerzas armadas se han empleado para proteger y expandir los sistemas socioeconómicos, pero no pueden ellas crear por sí mismas un nuevo orden económico y social.
A la oligarquía dominante no le queda más alternativa que apelar a la violencia a secas, proclamando a través de Bush su intención de llevar la guerra a cualquier oscuro rincón del planeta donde sus intereses se vean en peligro. Esto se aprecia en acontecimientos como los de Afganistán, Iraq, las amenazas a Irán y en los intentos de revivir la guerra fría con astronómicos presupuestos militares y en utilizar el avance de la OTAN hacia el Este para chantajear y neutralizar a Rusia.
Todo ello está mostrando el proceso de muerte de un imperio y la encrucijada en la que se encuentra, que lo conduce a tener que escoger entre retroceder y actuar con cordura o destruir a la humanidad; pero nunca tendrá la victoria con que sueña.
Hace más de un siglo Rosa Luxemburgo dijo «socialismo o barbarie»; hoy alguien añadió «barbarie, si tenemos suerte...».
Frente a esto, y como parte positiva de la crisis, está el ascenso de los procesos integracionistas en América Latina y el Caribe, cuyas más claras muestras las tenemos en el ALBA, con la activa participación de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, y a la que se suman otros países caribeños. Se aprecia, asimismo, en la creación de UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) sobre el fundamento de la alianza que han hecho los presidentes Chávez, Lula, Cristina Fernández, Evo Morales y Correa. Y no solo esto, sino que en todos o en la mayoría de los países de nuestra América se observa un creciente movimiento de rebeldía popular.
El sistema norteamericano ha perdido fuerza económica para dominar o encauzar a su favor todos esos procesos en marcha, y es cada día más evidente que es necesario reajustar radicalmente su política en dirección muy diferente a la que representan el señor Bush y la ultraderecha de Estados Unidos. El proceso electoral en marcha ha mostrado situaciones inéditas que nos obligan a un análisis profundo de sus consecuencias para el futuro de ese país y de las relaciones bilaterales de Cuba con Estados Unidos. En ese país hay fuerzas que pueden influir a favor de un cambio sensato de política.
Partiendo de esa apreciación cobra cada día mayor importancia establecer canales de comunicación con esos sectores sensatos de la sociedad norteamericana, partiendo del mensaje que nos legara José Martí, quien, como se sabe, vivió casi quince años en ese país y lo conoció profundamente. Dijo el Apóstol:
«En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder —mero fortín de la Roma americana—; y si libres —y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora— serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio —por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles— hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo».
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